SIGUE SIENDO ÉL, ELLA

No es extraño, oír decir a una persona ante un familiar que tiene deterioro cognitivo «mi padre ya no es él, mi madre ya no es ella, no le reconozco». Por supuesto esa percepción no parte de un pensamiento de rechazo, no. Parte de un no reconocimiento de la persona en el sentido de que ya no me reconoce, ya no puedo hablar con él como lo hacía antes, tiene la mirada perdida….

Todo sentimiento en este sentido es absolutamente respetable y merece ser comprendido.

Pero podemos mejorar en esta mirada a nuestra madre, a nuestro padre, tío, abuela….. ¿Cómo? Cambiando ese pensamiento. El, ella siguen siendo nuestro padre sólo que algo ha cambiado. Es esa pérdida de memoria, esa demencia, ese Alzheimer…pero sigue siendo la misma persona, la misma figura y seremos nosotros y nosotras quienes hemos de hacer ese cambio en nuestra mirada, en nuestra idea concebida a partir de ese deterioro.

Cambiando esta percepción, daremos un giro a nuestra manera de relacionarnos y esta ganará en cercanía. Todo lo que es sutil, esos cambios que no se ven porque se hacen desde dentro, estos cambios son los que promueven otros cambios. No se puede decir en qué deriva esa mirada más cercana, de reconocimiento… porque en cada relación se verá de una u otra manera, pero de lo que estoy segura es, de que, aunque mi ser querido siga aparentemente sin reconocerme, le estaré dando su lugar real. Y no porque hasta no volver a esta mirada no se lo haya dado pero si queremos acercarnos a este ser tan maravilloso y querido, desechemos ese pensamiento que se transforma en expresión diciendo lo que al principio decía y gritemos a los cuatro vientos (aunque lo hagamos desde el silencio) «sí, si es mi padre, sí es mi madre». Ellos no serán el origen del cambio, será nuestra mirada la que haga que algo cambie.

Démosles y démonos semejante oportunidad y dejemos que nuestras almas se comuniquen y hablen.

¿SERÉ ALGÚN DÍA FELIZ COMO ANTES?

Esta es una de las cuestiones que nos hacemos cuando ya estamos transitando nuestro duelo. La respuesta es no, PERO esto no exime que no podamos ser felices de nuevo. Sucede que perseguir algo que fue antes de esa amputación que sufrimos cuando mi ser muy querido murió, no puede dejar de ser amputación. No hay manera de ir hacia atrás y dejar todo como estaba. Pero si hay manera de ir hacia delante y ser felices de nuevo.

El duelo arrasa, el duelo nos destruye y lo que fue nunca será pero no por ello no hemos de buscar y así construir un nuevo presente, con nuevas ilusiones y proyectos. Es importante no juzgarse por ello creyendo que traicionamos a quien partió al otro lado del velo. Nadie dijo que teníamos que condenarnos el resto de nuestra vida. No hay castigo, no lo merecemos y además, sólo nos lastimaría. ¡Cómo si ya no hubiéramos pasado dolor suficiente!.

Cierto es que ese empezar a construir llega después de un largo recorrido. Es indispensable  querer ser feliz e incluso decretarlo y si hace falta decretar bien alto «¡QUIERO SER MUY FELIZ1». Y que nadie deslegitime nuestro anhelo de felicidad y  así sepamos poner freno a quien nos juzgue. Nadie ha pasado por mi mismo dolor y soy yo quien decido cómo quiero vivir de ahora en adelante. Y quien bien nos quiera, bien nos acompañará e irá de nuestra mano.

Que con el transcurso del duelo y todo tipo de emociones trabajadas, sanadas y transmutadas podamos erigir y edificar una vida auténtica. Una vida donde todo lo aprendido desde nuestra bajada a los infierno, no caiga en saco roto. Siempre digo «¡ADELANTE!».

ENFERMEDAD Y RESPONSABILIDAD

En los últimos tiempos y al ver cómo personas cercanas afrontan su enfermedad y todo lo que esto conlleva, me cuestiono sobre en qué medida somos responsables de sanarnos un poco o al menos intentarlo o por el contrario dejarlo todo en mano de los demás, más en concreto de profesionales de la medicina.

Yo, desde luego y a través de mis experiencias y de lo que voy aprendiendo, creo que tenemos una responsabilidad en la enfermedad y es hacer un repaso de nuestra vida, de nuestra manera de comportarnos, de nuestras respuestas ante lo que nos acontece. Por supuesto y lo digo con contundencia: no con el fin de juzgarme, de juzgarnos. Hablo de ésto porque creo que no somos conscientes de que no podemos vivir de cualquier manera en cuanto a no considerar que ser personas bondadosas, honestas, legales, etc etc….siempre será más sanador que vivir aprovechándonos de situaciones para ganar de manera poco lícita beneficios varios. No podemos pensar que las personas se alejan de nosotras y nosotros porque sí, sin reflexionar sobre qué puedo haber hecho o cómo he podido comportarme para que desaparezcan. Y habría otros tantos ejemplos para diferenciar que es vivir de forma sana o todo lo contrario.

Nos creemos que una vida saludable se remite a comer bien y hacer ejercicio, olvidándonos de lo que es verdaderamente importante que es la higiene en valores. Obviamente lo uno no exime lo otro, pero ya es hora de que nos centremos en sanar teniendo un corazón noble y sano sin ideas oscuras. Claro y oscuro, salud y enfermedad. La enfermedad no sólo llega porque sí o por malos hábitos. La enfermedad la alimentamos nosotros y nosotras mismas.

Y por consiguiente, en la enfermedad dejar todo en manos de la medicina tiene una connotación de irresponsabilidad y de poner en manos de un médico, médica nuestra salvación. Si hacemos un repaso de nuestra vida, de nuestro presente y reconocemos cómo nos portamos con el resto del mundo, podremos cambiar y remar a favor de nuestra sanación. Desde luego que no podemos evitar nuestra muerte porque esto es algo muy grande pero que podemos hacer algo, podemos hacerlo.

Desde luego si perpetuamos las expresiones de «mi oncóloga, mi médico de cabecera, mi psiquiatra, mi, mi …..» nos estaremos olvidando de nuestra propia tarea que es «¿en qué puedo mejorar para liberar a los profesionales de algo que les he impuesto y así convertir y mejorar lo que está en mi mano?». Estas personas profesionales ya hacen todo lo que está en su mano y debemos confiar en ellas para así crear ese espacio de introspección y mejora personal como una vía paralela o incluso común de buscar no enfermar más aún.

Todo ello me sugiere seguir invitándome e invitaros a vivir bien para un día morir mejor. Tenemos tarea por hacer y desde mi experiencia quizás sea la labor más bonita de nuestra vida.

Y no quiero decir que puedo evitar mi muerte pero sí hacerme un tránsito de vida más sano, con más luz para mí y para los demás. No sé, se me ocurre en mis reflexiones diarias…………

NO ME APETECE VIVIR LA NAVIDAD

¡Cuántas personas con dolores diversos llegan a estas fechas no sólo desganadas sino y sobre todo, destrozadas! No hay sólo dolor por ausencias de personas queridas, hay muchas causas: pobreza, soledad y un largo camino de etc.

La causa de ese dolor no la podemos evitar, no podemos hacerla desaparecer para que aquellos que la padecen, se olviden.

Pero debería ser una obligación preguntarnos: «¿puedo hacer algo por esa persona, amiga o amigo, familiar o no?». Mi respuesta siempre va a ser SÍ y desde luego que universalizo mi respuesta en cuanto a que todas las personas que en este momento estamos en una situación mejor porque no estamos sólas, tenemos lo indispensable y en muchos casos más que eso, no pasamos unas Navidades en duelo y et etc….

Y ahora podemos preguntarnos: «¿Qué puedo hacer?». Múltiples respuestas: No desees Feliz Navidad a todo el mundo como si todas esas personas a las que felicitas estarían en una situación de bienestar. Para antes de felicitar, mira a esa persona, tenla en cuenta y no le felicites como al resto. Si no sabes qué decir, no digas nada. Si no eres capaz de permanecer porque no puedes mirar su dolor de frente, no te quedes ahí y si en tu intención está ayudar, pide desde tu silencio, desde tu intimidad y tu espacio, que algo cambie para que esa persona pueda mejorar. Pero pídelo con verdadera intención.

Si paseas por la calle y aunque esto deberíamos hacerlo siempre, acércate a esa persona que no va a tener un techo, menos una familia con la que compartir y salúdale mirándole a los ojos. Pregúntale si le apetece un caldo, un café o algo de comer y facilítaselo. Es algo puntual y esto no le devolverá un hogar y un entorno pero sí le hará sentir bien al menos por un ratito. Y no olvides que la importante es esa persona. Y cuando te dé las gracias, dale tu las gracias a él, a ella. Hay quien se preguntará que porqué le tienes que dar las gracias si eres tú quien ha sido generoso. Pues os invito a que cambiéis esta percepción y esta rutina. Le damos las gracias porque nos ha permitido compartir y porque nos muestra cómo estamos en una situación de bienestar porque tenemos economía para poder invitarle. Pero ¡ojo! llevémonos esta reflexión a nuestra vida diaria: no hay polos positivo negativo, mejor o peor, según quien dá o recibe. Mirada horizontal que nos haga valorar y no olvidar que la vida es difícil y nadie es mejor que nadie para creernos que hay un «lxs otrxs» y «yo».

Si alguien está pasando por un gran dolor por la pérdida de un ser querido, pregúntale si quiere salir a pasear por donde no haya nadie. Hay opciones al ruido navideño, a la alegría ajena. Esto alivia porque quien está en duelo siente la comprensión de esa persona que ojalá seas tú.

Habrá personas con las que no aciertes, pero no te culpabilices porque también hay con quien es difícil acertar. Tú lo has hecho bien y desde el corazón. No tiene que ver contigo su respuesta.

No le fuerces a participar en comidas, cenas, fiestas creyendo que ahí olvidará su dolor. Si quiere, será ella quien decida. Cuando alguien está en duelo no está enfermo, no ha perdido la memoria, no ha dejado de saber lo que quiere o no quiere y puede elegir. Estemos ahí. No hay que hacerlo egoístamente pero recordad que todos y todas vamos a pasar un duelo o más. No utilicemos esa mirada de pena, la persona la siente aunque no lo creas. Mirada horizontal una vez más. Mirada que acoge, que respeta y no juzga.

Y así indefinidamente con tantísimas personas que necesitan ser tenidas en cuenta y acompañadas.

MIREMOS HACIA FUERA ESTA NAVIDAD, MIREMOS DE FRENTE Y QUE LA COMPRENSIÓN Y LA CERCANÍA, HAGAN DE ESTA NAVIDAD, UNA DE MIS MEJORES NAVIDADES PORQUE COMPRENDÍ QUE TENGO MUCHO POR HACER, MÁS ALLÁ DE DESEAR REPETÍDAMENTE «FELIZ NAVIDAD».

Entre todo el mundo, podemos mejorar este universo que es de todos y de todas.

LA ALEGRÍA DE VIVIR

La vida la etiquetamos como terrible, desalmada, injusta….cuando algo acontece que nos da un vuelco a la misma y nos hundimos en la oscuridad. Pero mientras la vida transcurre sin sobresaltos y nos levantamos de la cama bajo el techo de un hogar y con todas las comodidades, no acostumbramos a sentirnos afortunados, no agradecemos cada amanecer, no sonreímos a nadie que no conozcamos e incluso conociendo, la sonrisa parece ser un bien que debe ser guardado sólo para ocasiones excepcionales.

A menudo me encuentro en lugares donde voy a pedir algo, esto es, lugares de atención al público y me voy malhumorada por el trato tan nefasto que recibo. Y no lo digo como algo personal y que me ocurra a mí por ser yo, no. Es algo universalizado al menos en esta nuestra sociedad. Te reciben con cara de me estás molestando, pides algo que debe brindarte ese servicio y el gesto de la persona a la petición es casi como si te hubieras equivocado de lugar. Te hablan con poca educación y a veces ninguna e incluso dices Adios y ni te contestan.

Uno pues estos dos párrafos para llevarlos al sentido de la vida, a la alegría de vivir y en definitiva a vivir bien para morir bien. ¿Qué quiero decir con ésto?. Esos detalles diarios y rutinarios es un espejo de cómo vivimos nuestro día a día: agradecer vs. quejarse, acoger vs. espantar, escuchar con atención y cuidado vs inspirar desprecio.

A veces cuando nos enfermamos o personas queridas se enferman, nos llevamos las manos a la cabeza diciendo frases como «si es una persona sana, no bebe, no fuma, hace deporte». Y ¡cuidado! eso está muy bien y no lo cuestionaría jamás pero ¿somos conscientes de lo insano que es que en tu día a día te quejes, trates mal a las personas como si fuera lo más normal del mundo, etc, etc, etc….?.

No quiero alargarme más y diré mi conclusión: Cuidemos a los y las demás y me estaré cuidando yo. Y a ésto es a lo que yo también llamo salud. Una salud que se contagia, que dan ganas de imitar, de convertirla en una maravillosa rutina que además, hace un mundo mejor.

Y sí, para morir bien hay que vivir bien. Y vivir bien son todos esos pequeños detalles que cuidan y que me cuidan.

No dejemos pasar un día más sin ponernos en modo consciente para cambiar. Y me pongo en primera linea porque yo también tengo por mejorar y no quiero olvidarlo ningún día de mi vida.