TU VULNERABILIDAD ME MUESTRA LA MÍA

Hace unos días, una persona me regaló mucho más de lo que ella pensará que yo pude darle. Una persona en situación de gran vulnerabilidad necesitó atención y otras personas que por allí pasaban y también mi compañero, le ayudaron de forma más que óptima. Yo hice lo que pude y le acompañé hablando con él, permitiéndole que nos contara un poco su situación para saber antes de que viniera el personal sanitario y entretantas y dado el frío que tenía además de su soledad, le dije que se apoyara en mí lo que me permitió extender mi brazo para arroparle un poquito. Yo sentía que toda calidez tanto la de la mantita que le dejamos, como la de ese tímido abrazo acogedor, era poco.

Y no quiero hablar de mí sino de lo que J.A me dijo: «es el primer abrazo que recibo en muchos años». A él le vino bien ese abrazo. Pero ese recoger su frío y su soledad por un momento, esa frase que me dijo además de que me regaló algo como «eres un ángel» no hacen sino sentirme privilegiada por poder recoger unas palabras que salen desde un corazón solitario y herido. Todo ello me hace recordar que esa persona también soy yo. Que no vivo sus carencias pero que no estoy libre de nada. No quiero vivir pensando que lo normal es vivir como vivo y con todo lo que otras personas no tienen.

Quiero seguir viviendo de forma consciente mi propia vulnerabilidad para que cuando alguien como J.A me permita entrar en su vida, sea a través de un accidente u otro suceso, no le mire sabiéndole otro u otra. Sabré mirar y deseo hacerlo, desde una mirada horizontal, donde no soy una profesional, no soy una persona que está en un peldaño más arriba. Sólo quiero mirar como un día deseo ser mirada.

Gracias J.A y gracias a mi compañero y a las dos personas que también acogieron y acompañaron de forma más que óptima

Acompañar es estar

Así como hay vida y nacemos, así mismo morimos.

No hace duelo el que se marcha pero quien se queda, deberá atravesar un camino arduo y sinuoso. Podremos limar tanta dureza, si lo hacemos en compañía de quien sabe acompañar.

Cualquier persona que haya tenido que pasar por la muerte de un ser querido, calificará el sendero como terrible, imposible e incluso no sabremos ni podremos explicar con palabras, lo que se siente. Las palabras no alcanzan a expresar lo que sentimos cuando alguien a quien amamos, muere.

Este camino puede hacerse acompañado de una persona que a través de su amplia experiencia, formación y vivencias de y en duelo, hará que ese camino sea más liviano. La soledad provoca aislamiento, la comprensión, alivio. El bálsamo que se necesita cuando todo parece estar perdido.

En Gure Miraria puedes encontrar esa escucha que necesitas, esos ojos que te miran sabiendo que todo lo que cuentas y todo lo que te duele es real y precisa de alguien que hable el mismo idioma.

Aquí estoy para acompañarte, para dejarte llorar, dejarte expresar. También para que en compañía miremos poco a poco hacia delante y empecemos a ver poco a poco, cada vez más luz.

Consigamos hacer que lo que un día dolió mucho, hoy duela menos y trabajemos para hacer que llegue el momento en que donde hubo dolor, sólo queda el amor por la persona amada.

Silvia – Gure Miraria

Empezar por el final…

Empecemos por el final para hablar y describir el duelo, pero desde el final de mí camino, que en realidad es mi momento actual.

SOY FELIZ después de haber vivido, trabajado y  transitado mis propios duelos.

Conseguí transformar dolor en amos y ahora desde el agradecimiento siento paz, que no olvido, eso nunca.

El tiempo por si sólo no hace nada. El duelo hay que atravesarlo.

Es bonito llegar a reconocer en un momento de tu vida, en ese futuro desde el que hablo, que podemos llegar a ser mejores personas, vivir la vida con otra sencillez y saboreando lo que nos regala cada día y más si vivimos una vida donde no nos falta por así decirlo de nada. O no, no todo el mundo vive la experiencia del duelo de la misma forma ni transforma el dolor de la misma forma. Pero no hay mejor o peor. Son diferentes caminos porque las personas somos diferentes, nuestras elecciones son diferentes, aunque no siempre se trata de elección sino de los recursos que tenemos, tanto personales como sociales, etc, sino que cada cual elabora su duelo como puede.

Yo siempre animo a trabajar y a afrontar las emociones, a visibilizarlas. No siempre es el momento, pero es parte de este camino, el poner de frente lo que nos duele, acogerlo tras haber rabiado, pero darle su lugar.

Si retrocedo en el tiempo y me miro en el dolor más profundo y desgarrador, puedo decir que no sé si ya es el inicio del camino del duelo o antes, que no concibes la vida sin esa persona, no la concibes, no la quieres. El dolor es desgarrador, incluso creo que el calificativo de desgarrador, se queda corto.

Pero pasa, se va dando paso a otras emociones: la ira, la rabia, la tristeza, la negación a la par que la tristeza, todo ello tras un estado de shock.

Me aíslo, me aíslan cuando un día de repente hay unos ojos que me miran y yo me siento reconocida. Esa persona ha pasado por lo mismo, habla mi mismo idioma. Me siento acogida, aliviada. Su comprensión me alivia, me llena ante tanto vacío.

Y sigo, sigo el camino y a veces me animo, pero pronto llega una nueva caída y creo que he ido hacia atrás. Hasta que voy comprendiendo y me ayudan a comprender que no, que no es hacia atrás, que aún a pesar de mi reincidencia

Y llega un día en el que sé que ya las fechas no duelen tanto y sonrío y me reconozco más feliz porque hay un día en el que yo decreto que quiero ser feliz, muy feliz.

Apuesto porque cada persona persiga ser feliz. No es buscar la felicidad que tenía cuando mi ser querido vivía. Desde el realismo digo que no se puede buscar esa felicidad, ya no. Pero ello no es eximente de dejar de buscar una nueva felicidad.

A POR ELLO. YO PUDE, TU PUEDES, EL PODRÁ PORQUE PODEMOS Y PODRÉIS Y PODRÁN.

Silvia